El jueves fui con Nacho, un amigazo mío, a ver una banda de blues a un bar nuevo que abrió hace poco. El loco había leído en el diario que tocaba la banda y me invitó. Llegamos temprano y nos acomodamos por ahí. Yo para ese momento había pasado por lo de una amiga y habíamos tomado unas cuantas birras y fumado unos porros, así que había llegado al bar medio copete.
Bue, al lado nuestro estaba sentado un chabón grande, que se colgó a charlar, pero nunca entendí de qué venía la onda. Al fin entró un par más de gente y después llegaron los muchachos de la banda. De facha unos caretones, pero “andá a saber”, me dije. Y no sé si habrá tenido que ver, pero la banda resultó una mierda. Supuestamente iban a hacer covers de blues de todos los tiempos, cosa que me puso a flashar que iban a tocar de Pappo, de Hendrix, de Zeppelin, qué sé yo. Pero según Nacho tocaron todo de Vaughan, que me gusta pero no lo tengo tan escuchado.
Analizando la habilidad de estos muchachos puedo afirmar que ninguno tocaba no solo no gran cosa, sino directamente nada. No tocaban nada. Que el batero no tenía técnica fue lo primero que noté. Y tenía una linda batería, una Pearl, pero no la hacía sonar el muchacho, parecía que tenía los tones de adorno, aparte de otras críticas que tengo para hacerle. El bajista ni existía y el violero, según Nacho -violero también, y alto violero-, hacía una imitación de Vaughan directamente. Una banda de blues cuadrado. Un flach, porque mi planteo es este: en un estilo tan grosso y tan flexible como es el blues, ¿no explorar en los permisos y las posibilidades que nos brinda? Pss.

Hoy hablábamos por teléfono con mi amigo en cuestión de que no hay un techo en el mundo de la música, siempre nos vamos a encontrar con algún rincón o curvatura nueva que nos vuele la cabeza. Por eso para bandas cuadradas ya casi no tengo paciencia. Ah, y a todo esto nos tomamos un par de birras y un par de tequilas ahí en el bar ese, y cuando nos rescatamos resulta que no teníamos plata (y un pedo bárbaro, por lo menos yo). Así que le dimos lo que teníamos a la moza y salimos de ahí matando, nos importó tres carajos que la banda siguiera tocando.
Ahora viene el comentario sobre la banda de contraposición, el blues suburbano, testimonio de Nacho, ni más ni menos, porque yo no fui a ver la banda, pero es nada más que para hacer una comparación de ondas: Ayer en un bar parecido al antes mencionado, un bar caretón, tranqui, donde la gente va a comer, por ejemplo, tocó una banda de blues familiar. El padre, viejo rocanrolero, de calle, en voz, los hijos pendejitos en viola y bata, un primo en el bajo, y algún amigo en teclados. Dice que los músicos eran unos despreocupados totales de la vida, tocaban con soltura, disfrutando de hacer lo que les gusta. Y además haciéndolo bien, tocando baladas, algún rocanrol, rhythm & blues, variando, explorando, indagando. Como debe ser. Otra onda, buena onda.
¿A qué quiero llegar con toda esta cháchara? El mundo de la música tiene una riqueza tal que creo que destriparlo por propio gusto puede llevarnos a recorrer un viaje muy copado, muy interesante, muy personal, muy lindo, y que al fin puede nutrirnos con muchos conocimientos que de otra forma no adquiriríamos. La música por su propia naturaleza puede mostrarnos cosas que no vamos a aprender de la enseñanza académica de ningún profesor. Creo que las bandas que hacen música cuadrada (sea cual sea el estilo que toquen) no se abren en cuerpo y alma a estas posibilidades, y creo que es una lástima. Y para peor, creo que bandas cuadradas son la aplastante mayoría.



