Hace tiempo acá en La Plata había una radio muy rockera, que tenía un elenco de trabajadores de puta madre. La habían convertido no solo en una radio muy pero muy popular, sino en una radio muy pero muy buena. Pasaba música de todos los palos ascendientes y descendientes del rock, y no solo los hits de las bandas pop de turno. Y en uno de los cortes de publicidad de la radio sonaba de fondo una canción muy pesada que me volaba la cabeza. Tiempo después el dueño de esta radio decidió cerrarla y convertir todos los años de trabajo que había llevado llegar a ese punto en meramente nada. La radio ahora pasa folclore y tanguitos para viejos, una garcha. Puedo asegurar que destruyó la movida rockera en mi ciudad, porque la radio servía de trampolín para las bandas que venían de abajo (función que creo que deberían cumplir todas las radios, pero bue, así funciona el capitalismo). En fin, yendo al tema que nos importa, una vuelta escuché un par de temas que me gustaron de una banda que se llamaba System Of A Down, que hacía un rock bien duro, bien pesado, y me bajé un disco. Resulta que de pura casualidad, en este disco estaba la canción esa cuyo corte me volaba la cabeza hacía tiempo en la ahora difunta radio. Ese tema era Prison song, un temazo que da inicio a uno de los dos discos que me gustan de los muchachos.
SOAD es una banda que nació en el ‘95 en Los Ángeles. Todos sus integrantes son de ascendencia armenia, cuestión que debe tener algo que ver con el perfil contestatario de la banda. El barbudo que canta se llama Serj Tankian, el violero gritón Daron Malakian, el pelado con trenza en la pera que toca el bajo se llama Shavo Odadjian, y el animal del batero John Dolmayan. No voy a hacer una reseña biográfica de la banda porque la verdad que no me interesa en absoluto, considerando que es mundialmente reconocida, y mundialmente consumida; información de ellos hay por todos lados. Pero sí voy a hacer un comentario sobre los dos primeros discos, que son los que me gustan más -los otros no están mal, pero no me llaman la atención, apenas zafan-: “System of a down” y “Toxicity”, respectivamente.
El primero es un disco que por la velocidad y dureza de sus canciones podría compararse a la música hardcore, cosa que no es, igualmente, pero la banda tiene el tilde de nü metal, vaya uno a saber por qué. Tiene mucha más musicalidad que cualquier banda de nü metal, sin llegar a ser heavy metal. Es algo raro. Eso se nota en los cortes de las canciones, en los arreglos, en la voz del chabón, en los riffs, en las bases, qué sé yo. Entonces, ¿de qué concha estamos hablando? La verdad no sé, por eso me gusta la idea de decir que esta es una verdadera banda de rock pesado, ¡pero pesado, eh! La ferocidad de la música es tal que creo que asociarla a un pogo salvaje es lo más correcto. Algo que, no obstante, puede llegar a sonar contradictorio con algo que escuché por ahí de que los muchachos están en contra de la violencia. Andá a saber. Bue, aparte, aunque rara vez me tomé la molestia de ponerme a traducir sus canciones, estos chicos no se callan la boca, cantan en contra del sistema del imperio, de su sistema, los nenes contestan. Y eso está bueno. Ahora, lo que me llama la atención es que siendo así la banda pise tanto. Su segundo disco se coronó como número uno en los rankings yankis ni bien salido, y clavó un multi-platino (un disco de platino en yankilandia son 1.000.000 de ventas, multi-platino son, bueno…), cosa que la verdad me llama la atención, porque el hecho de que millones de personas se compren un disco de Britney Spears suena coherente, la chica no hace música, hace plata, pero ¿estos muchachos vendiendo millones de discos?, ¿qué onda?
Volviendo al tema de la música, no son graandes compositores ni nada por el estilo, hacen música simplona, fácil de escuchar/entender, fácil de digerir, como el rocanrol o el punk. Pero este pabuer trío sí que le pone onda: predominan entre sus temas los cortes secos y las contrapartes entre ritmos rápidos con razguidos fuertes, y ritmos tranquis con riffs melodiosos. Genial, una banda que puede hacer eso se gana mi afecto, cuando menos de primera impresión. Pero estos no se quedan ahí, el bajo le pone bases bien graves, y la guitarra rellena con lo que falta: estridencia. Ahora, lo que redondea toda la cuestión y que definitivamente hace a la banda son la bata y el barbudo que le pone una onda matadora con un canto zarpado y gritos atronadores. Ambos se merecen todos mis respetos, porque son bestias en lo que hacen. Sobre el batero: para una banda pesada como esta tiene algo que es esencial y pocos tienen, técnica. Me comentó un amigo una vuelta que el loco antes tocaba en una banda de jazz, y yo me dije “ah, con razón”. Tiene sentido. Por lo general la brutalidad que transmite la música se suele asociar a la forma de tocar los instrumentos, lo cual es un grave, gravísimo error, pero bastante común. Según mi propia experiencia concretar la idea clásica de todo aquel que agarra una bata de descargarse con ella las penas y las tristezas es una mala idea. Estoy sufriendo hoy por hoy el mal sonido de los parches completamente arruinados. Los bateros de jazz, de blues, deben hacer otros tipo de bases, ellos buscan técnica en primera instancia. Por éso me pareció que tenía sentido.
Una imagen vale más que mil palabras, dicen. En este caso un sonido, una nota, un acorde, vale más que mil palabras, y para no seguir escribiendo giladas me retiro, pero no sin antes aclarar por qué no me llaman la atención los discos que siguieron a los antes citados. Algo que se nota y es indiscutible es que la banda cambió la onda después del “Toxicity”. Aunque “Steal this album!” tiene temas que siguen con la línea, hay algo que falta. No sé si arriesgarme a decir que fue porque la banda empezó a pegar fuerte, pero creo que algo de eso hay. No conozco una sola banda que después de comercializarse más o menos masivamente en algún punto se quiebre, y no creo que esta sea menos. El disco doble que sacaron en cuotas hace poco, el “Mezmerize/Hipnotyze”, tiene temas polenta, pero que la verdad no son nada del otro mundo, no pasan al plano de lo bestial como Sugar, o Atwa, o el tema que da nombre al disco, Toxicity, o War, o Know, o la antes citada Prison song. Es que creo la belleza está en la innovación a veces, y estos muchachos ya no innovan nada, y lo que hacen distinto no suena mejor que lo anterior, para nada. Es mi opinión, que es humilde y es mía.
Creo que al menos los dos primeros discos merecen ser escuchados, pero anticipo con todo lo antes dicho que no son para oídos frágiles.
Y para rematar, una curiosidad: el video del tema Boom! lo dirigió el gordo Michael Moore, por la manifestación del 15 de febrero de 2003 (día posterior al del fallecimiento de la oveja Dolly), donde millones de personas se manifestaron por la paz, en contra de la invasión yanki a Irak. La imagen que acompaña este párrafo es de la gente que marchó ese día en Barcelona. Alta movida, ¿eh? Así estaba en todas las principales ciudades de muchos países de europa, en yankilandia, en muchos países latinos y asiáticos, en fin, en todo el mundo. Pero bien demostró el amigo de Dios que como buen imperialista él hace lo que mierda se le canta.
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_Fuente: SOAD en Wikipedia.
_Para escuchar en línea: SOAD en Goear.
_Para ver los videos: SOAD en Youtube.






